“Después de todo” (E. R. N: 10)

He llorado

He reído

He creado

Y he destruido

 

He saltado

Me he caído

Fui herido

Y he sanado

 

He odiado

Fui querido

Me han odiado

Y he querido

 

Después de todo

Sólo pido

Que se vea

Lo que hago

Y que se escuche

Lo que digo

DAE

Recomendación Número Nueve:

Para el que sostenga cierto interés hacia la filosofía, recomiendo esta serie de 28 vídeos que como vasos demasiado llenos derraman como agua el conocimiento. En ellos se presenta de manera entretenida la historia de la filosofía desde sus inicios en el Siglo VI a.c. con Tales de Mileto, hasta Simone de Beauvoir en el Siglo XX de nuestros tiempos.

¡Disfrútalos!

Y ahora, aquí abajo te dejo algunas palabras coloquiales que recientemente añadí a mi vocabulario y que podrían sernos útiles algún día de estos:

Prosaico (vulgar, carente de cosas agradables)

Soez (desagradable)

Zafio (inculto)

Noúmeno (que no se ve pero se siente, intuición intelectual)

Jocundo (Jovial)

Baladí (sin importancia)

Omnímodo (que es absoluto)

Celebérrimo (superlativo de célebre)

Allende (adv. prep. lit. La parte más lejana de algo o detrás de ello)

Sempiterno (que durará para siempre)

Reminiscencia (recuerdo borroso de algo que perdura en la memoria)

Expósito (que ha sido abandonado al nacer)

Entelequia (perfección que sólo existe en la imaginación)

Proselitismo (afán de convencer)

Docto (que posee muchos conocimientos adquiridos a fuerza de estudios)

Impele (Incita a)

Inmanente (que es interno a un ser, que no viene de una acción exterior a él)

Lontananza (desde lo lejano)

Aquiescencia (consentimiento, permiso)

Paroxismo (exaltación de un sentimiento)

Proemio (introducción)

Pueril (que es propio de los niños, infantil)

Inefable (algo increíble, que es difícil de explicar con palabras)

Ignominia (ofensa que sufre el honor o la dignidad de una persona)

Hereje (mentiroso, falso profeta)

Pudibundo (pudor en exceso)

Subterfugio (manipulación)

Taciturno (que habla poco)

Etéreo (dedicado y ligero, fuera de este mundo)

Veleidoso (inestable)

Conspicuo (sobresaliente, ilustre, famoso)

Melifluo (sonido suave, dulce y delicado)

Concupiscencia (interés por lo material y/o sexual, bienes pasajeros)

Mezcolanza (gente ridícula)

Pérfido (desleal, mentiroso)

Serendipia (hallazgo afortunado e inesperado que llega cuando se estaba buscando algo distinto)

Vituperar (desaprobar algo)

Intemperancia (falta de moderación)

Eudaimonía (felicidad)

Impío (que no siente compasión)

Probo (que tiene probidad)

Probidad (alguien integro y moral)

Estólido (falto de razón, tonto, equivocado)

Flébil (digno de ser llorado)

Impetrar (pedir algo)

Logomaquia (atender a las palabras y no a los conceptos en una discusión)

Nesciente (ignorante)

Leticia (alegría)

Letífico (que alegra)

Venusta (Hermosa)

Limerencia (atracción romántica involuntaria hacia alguien)

Pensamiento XV

Acabo de terminar de leer Siddhartha de Hermann Hesse y debo admitir que si bien es cierto que he leído bastantes libros a lo largo de mi vida, tan sólo dos han sido los que me han hecho reflexionar realmente -hablo de en serio muy profundamente- y este fue uno de esos dos.

Cerré el libro, pues mi mente daba vueltas y tenía que centrarla. Lo sabía, tenía que escribir lo que había en ella para estar tranquilo. Tomé una hoja y esto fue lo que tatué en ella:

“Se puede prescindir del tema de la reencarnación en el budismo (pues no es algo comprobado a ciencia cierta) y seguirá siendo acertado -para mí- gran parte de todo lo que enseña.

Por ejemplo sobre vivir en el eterno ahora. Hay cosas que solamente podemos sentir cuando callados escuchamos el agua fluir en el mar o en el río, hay cosas que sólo podemos imaginar cuando vemos al fuego pintar, y también las hay emociones que sólo conocemos al ver la paz con la que todo lo natural vive su vida, sin saber cuándo empezó y sin idea de cuándo acabará.

Llegar a entender que siempre es ahora, pero no con palabras sino emociones.

Es como entender que lo mejor de esta vida no se aprende, ni se ve, ni se escucha; Se siente.

Me agrada, pues, lograr encontrar la paz en tu interior cuando se observa hacia el exterior, es lo más cercano a aquello que los católicos y cristianos llaman “El Paraíso”. Y me gusta aún más el hecho de que por este paraíso no tenemos que hacer sacrificios, ni atormentarnos con cuidar la castidad de nuestra lista de pecados; sólo debemos de callar nuestra programada mente (porque fueron años de adoctrinamiento erróneo), ponerla en “Stand by” y ver qué es lo que tiene el viento por decir hoy.

Sabemos muchas cosas nosotros los humanos, pero un árbol sabe mucho más. Nosotros sabemos hablar, pero ellos han sabido escuchar y llevan haciéndolo por mucho tiempo. Dirán personas “Los árboles no piensan, y no escuchan” pero cómo podrían negarlo si solamente conocemos el idioma de los sonidos y de las señas, y la vida lleva hablando mucho más tiempo en silencio, como una orquesta muda pero de melodía perfecta.

No lo sé, hay muchas cosas que me hacen querer saber más sobre el budismo, pero de igual forma siento que las demás religiones, todas, tienen algo importante que decirnos y no es para que sigamos sus caminos como nos lo han inculcado, sino para que creemos el nuestro.

Pero regresando al tema, es importante recordar que no hay necesidad de procrastinar en nada como excusa de que no nos importa más que el ahora si adoptamos una mentalidad como la del budismo, que -de nuevo para mí- tan sólo es una herramienta para hallarnos a nosotros mismos  y  para entender que después de hacerlo debemos de despedazarnos, empezar de cero y encontrarnos de nuevo, pues sólo así sabremos a ciencia cierta que existe algo cercano a la resurrección…

Cercano a nosotros, de una palabra de cuatro letras que hemos olvidado escuchar y tenemos que volver a estar pendientes de ella o nos la vamos a perder, la veremos pasar y no sabremos que la vimos, ni sabremos que a la palabra “vimos”, le pudimos haber puesto al principio otra “vi”.”

Pensamiento XIV

¿La palabra universo significa pensamiento? ¿O por qué serán los dos infinitos? Tú igual puedes hacerlo, lo sé, pero a veces no lo sabes. A veces yo soy tú y lo olvido también. Casi nunca nos damos cuenta pero podemos imaginar todo lo que existe y aún más allá, ¿será nuestra mente la creadora? Nietzsche hablaba de una vista que iba más allá del bien y del mal, supongo que es el mismo pensamiento del que hablaba, un pensamiento sin restricciones humanas como la moral, la razón, la lógica y la ética. A esas cuatro leyes, les pondré pausa hoy.

Un pájaro acaba de posarse en mi ventana, le dije buenos días.

Por otro lado, pareciera que entre todos los seres vivos estuviéramos conectados, es raro, a veces me siento como un árbol, tranquilo.  Hubo un lunes en el que creí ser un águila; volaba y sentía el viento acariciar mi cara. Los domingos me son extraños, me siento planeta. Qué difícil es ser planeta. ¿Te has sentido como uno? Es horrible, mucho más cuando sientes ser este planeta. Nosotros, los seres vivos habitantes de este planeta, somos sus bacterias. Le duele y perjudica gran parte de todas las cosas que hacemos, lo enfermamos pero él no enferma, sólo entristece.

La Tierra piensa con nostalgia en mejores días, y no sabe si esos días ya pasaron hace mucho o no han llegado. Le da miedo no saber si llegaran; extraña pero no sabe lo que extraña, y siente, pero no sabe qué es lo que siente, porque es un planeta. Más o menos así se siente ser uno.

Aunque digo que todos los días de la semana son los mismos, que hoy puede ser viernes o lunes y que da igual que día sea, definitivamente existen los domingos, domingos planetarios en los que huimos muy dentro de nosotros y nos encontramos muy lejos de casa. Como en una nave subimos a nuestra mente y partimos a velocidad luz.

¿Somos luz o vibración? Somos luz que vibra. Vaya, pero y qué hago si los domingos me apago? Desear que sea lunes, definitivamente. No lo sé, a lo mejor los domingos son cuando más me prendo y ello me asombra tanto que me da miedo, como bebé que llora porque no tiene ni idea de qué fue lo que acaba de pasar frente de él, pues es sólo un bebé.

¿Será que el planeta igual lo sea?

Realmente incluso nuestro universo podría ser un niño. Para crear necesitas pensar. De existir Dios, él debe de pensar al igual que nosotros. El universo crea, entonces debe de pensar. Él es mi Dios.

Definitivamente el universo se siente humano. Nos vio y dijo: “Hey, ¡soy como ustedes, yo igual siento, yo igual pienso y puedo crear!” Pero después de un rato se sintió planeta, cuando vio que nosotros no sabíamos escucharlo. Ahora yace en negra e infinita nostalgia, pero podemos despertarlo, podemos hacerlo vibrar una vez más, pero para ello tenemos que hacerlo también nosotros.

No digo que algo en esto sea cierto, pero ¿quién podría negármelo sin repetir palabras de otros? Ustedes, los que juzgan y buscan tener la razón en todo, usan su lógica inventada por alguien que pensó para que otros ya no lo hagan, se olvidan de que el universo es inefable, imposible, irracional e ilógico. Si les pido que vengan a pararse a mi lado sobre el borde del universo, ustedes dejarían de existir, porque mi universo empieza donde el suyo acaba. El borde de su universo es la frontera hacia el mío. Allende a todo lo lógico y racional, más allá del bien y del mal: ahí me mantengo de pie, o de cabeza, o sin mi cuerpo pero en mente presente. ¿De-mente? No, solamente imaginación y creo que es esa la mejor de todas las virtudes, o bien, de las mejores. No lo sé, ¿quién seré yo para clasificarlo así? No existen las clasificaciones, debo recordar eso siempre.

Ahora, bien recuerdo un jueves que me sentí león, igual un sábado en el que fui niño de nuevo y aquél miércoles en el que fui camello.

Lo siento, Nietzsche, pero los tres animales son exactamente lo mismo y si te hubieras puesto a pensar un poco más lo hubieras visto. Tu superhombre no es más que un hombre común, pues de por sí no hay nada de común en el hombre, somos un milagro en el universo, somos dioses para cientos de miles de especies, para muchos seres vivos e incluso el aire que respiramos sentiría celos de nosotros, pero nos ama y sacrifica sus mejores elementos para nosotros, al igual que nuestro planeta cuando llega el lunes de nuevo y cree en nosotros, en él, en todo; “si ellos están bien, yo lo estoy” piensa y deberíamos de hacer lo mismo, ¿Qué Superhombre nacerá si no es este un Superplaneta? ¡Pero vean! Este ya es un Superplaneta, hasta ahora único en su especie porque tiene humanos, y nosotros: únicos igual, porque tenemos este planeta… ¿Ven? Qué universo tan pensante. Tan inteligente.

-Superuniverso; mi maestro creador, crearé para ti un despertador para que juntos entonemos de los versos el más encantador.- Así me dirijo a él, o así se dirige él a mí. Ya no sé si soy yo el que piensa o es él, quizá ni él lo sabe, pero nos escuchamos bien; préstamos atención el uno al otro y cuando hacemos eso, estamos atentos a todo lo demás. Y para ello: Sólo hay que escucharnos bien a nosotros mismos.

Pensamiento XIII

Pensé: ¿Nunca te rindas? No saben lo que eso significa. No tienen ni idea. Intenten vaciar los mares, llénenlos con sus lágrimas y regresen después a decirme que no debo rendir jamás. Sólo así les haré caso. Hay que saber cuándo rendirse. Hay que escoger nuestras guerras con inteligencia y no lanzarnos como ciegos con nuestras espadas ante el abismo, donde no habita nada para nosotros más que sufrimiento. Hay que saber decir adiós cuando más duele hacerlo y sólo así – abrazando la tortura y el castigo que traen consigo la soledad y la tristeza- podremos decidir si lo que hicimos fue rendirnos o salvarnos.

Pero luego dije: “Yo no me rendiré”, porque supe rendirme anteriormente y sé que hoy no es el día, este no es el mes y mucho menos el año. Esta no es la vida en la que me rindo. Que lo haga alguien más que sienta necesario hacerlo, que sepa cuándo hacerlo, que le sea útil para seguir adelante cuando sea el tiempo correcto.

Y recordé: Yo ya lo hice demasiadas veces, incluso, de existir la reencarnación infinita, el conteo de mis guerras perdidas llegó ayer a las 300; No hay más oportunidades, no quiero más, ésta es la indicada, la mejor, en este planeta, en mi país, con la familia que escogí, mi forma de ser, mis pensamientos, mis sentimientos, mi extraña suerte y el veleidoso entorno de mi alrededor. Mío todo y tuyo también, sin importar quién lea.

Por último, volteé al espejo y me dije: “Olvida todo lo demás, los pensamientos son una herramienta, úsala a tu favor; no uses un martillo para golpearte la cabeza; No contradigas a la naturaleza. No intentes soplar en contra del viento… No intentes volar de bajo del cemento… Abre los ojos, pon mucha atención y vive el momento”.

 

DIARIO DE SUEÑOS.

LA MEJOR NARRACIÓN E INTERPRETACIÓN QUE PUDE DARLE A DIEZ SUEÑOS QUE JAMÁS PUDE OLVIDAR.

-PARTE DOS-

Número cinco: Las Puertas de la Imaginación. 

Dormía tranquilo, aquel día había sido un día soleado pero no tanto, y la noche fresca me abrazo al sueño. Desperté en medio de un castillo. Era algo similar al castillo que viste en las películas de Harry Potter, pero en este castillo había más magia.

La iluminación no era perfecta, faltaban algunas lámparas donde debían de haber lámparas y algunos focos donde alguna vez hubo focos. Tenue la luz que me guiaba, pero accesible. Subí por las escaleras principales. Supuse que eran las principales pues no vi otras. Examiné todo el lugar con la mirada mientras subía; era enorme. Llegué al último escalón y me di cuenta de que era el único de color distinto: Negro y los demás eran color rojo como el vino que había en una de las mesillas del piso de abajo donde faltaban las lámparas. Miré hacia al frente, pensaba que el lugar era gigantesco pero al enfocar bien mi camino, me di cuenta de que no tenía ni idea de qué palabra había más grande que gigantesco pero la necesitaba en ese momento para describir el tamaño del castillo.

Continué a paso lento, no tenía ni idea de en qué parte del mundo me encontraba pero aquél castillo era más grande que el mundo que conocía. Infinidad de puertas lo llenaban, era el pasillo más largo que había visto jamás, y un número imposible de contar de puertas a derecha e izquierda. En ellas, madera fina podía verse, bien tallada y con una chapa de oro que bordeaba la madera y la adornaba como el encaje en vestido de novia. Cada puerta tenía escrita una palabra distinta, en el centro con letras blancas y claras. Observé que una decía “Lago” y como me encantan los lagos, decidí abrirla. Y así fue: Detrás de esa puerta encontré un lago textualmente, grande, con un bosque a su al rededor y con animales viviendo en él. Decidí entrar y explorar las orillas del lago, no podía creer lo que veía en el camino, habían parejas de conejos y hasta familias de ciervos pastando por el bosque. No podía recordar la última vez que vi algo similar. Tanta flora y fauna en el mismo lugar me hacían sentir en el cielo. Caminé entre árboles y miraba sus puntas en la cima, la luz del sol las atravesaba, creaba mil claros al rededor mio y mil sombras sentían celos. De una de las sombras salió un niño. Eso fue muy extraño pues desde mi llegada al castillo lo más cercano que vi a personas fue mi cara en los espejos que habían en el pasillo. Me acerqué a él, tenía miedo pero por cierta razón me resultaba familiar. Lo seguí y parecía no verme. Le grité, y no oía. Finalmente me dispuse a pararme frente a él, se quedó quieto, me miró a los ojos por unos segundos y pasó por debajo de mí. Más bien, por dentro de mí, me atravesó como si fuese un fantasma y yo no sabía si el fantasma era él o yo. Corrí y corrí rápido hacia la puerta para regresar al interior del castillo, lo hermoso del lago no quería verlo si iba a haber gente dispuesta a atravesar mis entrañas como si fueran cuchillos intangibles a los que no les importa nada.

Cerré la puerta y seguí mi camino. A lo lejos encontré una puerta color negro, como el escalón que vi antes. En ella decía: “Navidad” y como amo la navidad decidí abrirla sin dudar. Me hallé entonces en el medio de una posada, había gente bailando y gente aplaudía también, veía las personas felices y esta vez vi reconocí el rostro de las personas, y vaya que el primer rostro que vi me hizo muy feliz: Era mi mamá sentada en una de las mesas de los adultos, habían unas diez mesas de adultos más y al rededor, seis mesas vacías en donde hubieran estado los niños sentados de no estar corriendo por todos lados y rompiendo una piñata. “¡Qué puta madre!” pensé al ver quién pasó corriendo frente a mí: Era yo pero 15 años más joven, un pequeño gordito que corría por sus dulces. Volteé rápido la mirada, buscando la puerta para salir de allí y al hacerlo jamás creerían que fue lo que vi: Así es, Santa Claus entraba a la posada con una bolsa enorme de regalos y todos los niños corrían a su encuentro. El pequeño niño gordito fue el último en llegar; al querer sentarse uno de los demás niños le movió la silla y en el acto cayó al suelo. Santa Claus lo vio y al primer niño al que le dio un regalo fue al gordito, lo ayudó a parar y le dijo “Cuando estés abajo, solamente puedes volver a subir”. El gordito sonrió entre lagrimas y abrazó el regalo que le entrego Santa, vio su rostro, le dijo gracias y salió corriendo con mamá.  Al ver eso, me di cuenta de el hombre que llevaba el traje de Santa, era mi padre y lloré. 15 años después de esa posada descubrí en sueños que el primer y único consejo que me ha dado mi papá, me lo dio disfrazado.

Caminé hacia el pasillo esta vez a paso lento, por primera vez pude sentir felicidad en un sueño desde que empecé a despertar dormido. Cerré la puerta y miré las palabras que habían escritas en las otras; ahora identificaba cada una de ellas, todas significaban algo para mí.

Esbocé un sonrisa y desperté en mi cama.

Fue así como me di cuenta de que aquel castillo inmenso, estaba dentro de mí, en mi mente y decidí llamarlo:

“El castillo de la memoria”

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Pensamiento XII

De noche dije: “¿Sabes? Tu poeta favorito tiene razón, todo es luz.

Según he aprendido todo brilla, pero no todo brilla de la misma manera, ni con la misma intensidad. Si enfoco el tema en las personas, los que más brillan son aquellos quienes naturalmente hacen, sin forzar nada y los que son todo lo que son simplemente por que no podrían ser de otra manera. Los humanos por alguna razón hemos perdido ese brillo natural al intentar ser lo que no somos. Y me hace pensar… Quizá jamás sabré si yo brillo, o si algún día, acaso lo haré. Me da miedo y no, al mismo tiempo, pues quizás y el brillo dependa siempre de un ojo en el cual reflejarse, o de algo más, y si así es, ello trae a mi mente la duda que no me permite conciliar e incluso atemoriza a mi sueño:

¿Acaso habrá algo en este universo que no sea subjetivo?”

¡Oh, por favor, ni hablemos de la vibración!..

Diálogos Lorénicos.

“Te odio porque me hiciste sonreír a mí, que estoy tan triste; no sé por qué, pero esa es mi frase favorita.”- me dijo y en seguida le respondí:

“Al estar triste es cuando más se acerca uno a estar agrietado. Cuando viene alguien y hace que te olvides por completo de aquello que te rompió, con sonrisas, con su magia, es cuando empiezas como por arte de ella a sanar.”

Y a ello contestó: “Tal vez todos somos personas tristes que simulan ser felices, y eso es lo más triste del mundo. Pero cuando encontramos aquella pieza que nos complementa, entonces, tal vez, dejamos de fingir, y se pudiese decir que en ese instante, nos convertimos en personas felices y sin comillas rodeando la palabra.”

Guardé silencio por un rato, pero al final de dicho silencio, dije:

“Tal vez, la felicidad viene a nosotros como la inspiración: fugaz, se va y vuelve a venir porque le gusta que la extrañes. Quizá y esto se trate de un juego de rompecabezas, qué sé yo, me creo dueño de todas mis piezas y de repente noto que hay algunas que no encajan, leo el manual, me dice: “Lo que te falta llegará solo.” Pero desespero, quiero encontrar lo que aún no es para mí y al saberlo, me doy cuenta de que si al nacer lloramos es quizá por que nacemos tristes y ello me entristece… Ello me motiva, me inspira y me hace prometer a mí mismo que si la entrada fue en llanto, la salida tiene que ser riendo.”

No pude ver su rostro, pero sonreía.

Después guardó silencio y en este silencio, había paz.

Pensé en callar a la par, pero no resistí. Pláticas como aquella me llevan a seguir pensando en temas como tales, y mi mente, en una hora, voló y giró tanto como en 365 días lo hace nuestro planeta.

Callé de callar y grité: “¡Vuelve!”

Pero ella llevaba rato dormida…